Mi familia se parece a esto cada vez más
Estoy realmente preocupada. Más aun cuando encuentro este video en Internet.
¿Cómo puedo remediarlo? Se aceptan consejos y sugerencias.
Eloisa Sabatini
Una familia un poco peculiar que trata de resolver sus diferencias en este campo de batalla.
8 Mayo 2006
Estoy realmente preocupada. Más aun cuando encuentro este video en Internet.
¿Cómo puedo remediarlo? Se aceptan consejos y sugerencias.
Eloisa Sabatini
21 Abril 2006

Está bien, muchas veces hago cosas por aparentar. Pero, quién no se encierra en casa para que los vecinos se crean que nos hemos ido a Francia de vacaciones de Semana Santa. Es que todas tenemos nuestros trucos para mostrar algo que nunca podríamos conseguir de otro modo. Además, las arpías que se dedican a poner a parir hasta a las madres que las parió, les viene muy bien darles con un canto en los dientes. Taparles la boca, que es donde más les duele.
Yo que soy mujer sincera y agradable con los demás, tengo especial interés en desenmascarar a todas esas que se creen duquesas y que en realidad siguen las reglas de la compra EFM (estamos a final de mes), aplicado a su caso particular, la compra EDT (esposa de dentita tacaño).
Otro motivo para sacar esta técnica a la luz es que Nicola no se entera de que todas sus amigas de chicle en la boca hacen lo mismo. Y yo estoy harta de que me cueste el dinero. Así que por favor, Nicola, si lees esto toma nota.
Este tipo de compras tienen sus ventajas. La más importante es que te tiene entretenida varias tardes y puedes disfrutar de tus compras durante mucho más tiempo. ¿Qué interés tiene querer algo, pasar la tarjeta y punto? Así es mucho más divertido.
Seguro que ahora hay alguna por ahí que pone caras raras delante de la pantalla. Seamos sinceras, quién no ha hecho esto alguna vez, quién no ha encontrado en el mercadillo o en el rasto algo y se escusa diciendo que es igual a lo que vio anteyaer en tal o cual tienda. ¿Qué crees que hace la Pantoja con Paquirrín? ¿Acaso los pantalones de Cachuli no los encuentras en Alcampo con dos ceros menos en la etiqueta?
La percha la pone una y las ideas las ponen los escaparates de lujo. El precio es un mero acompañante.
10 Abril 2006
10 Abril 2006
Cuando anuncié que venían el fin de semana mi hermana Matilde y su familia ya presentía la catástrofe. No porque Luiggi pusiera mala cara (hasta que desprecien a su familia se acostumbra una) sino por la alegría de Oliver.
Matilde se casó con un hombre de montaña muy majete, Gerardo. Mi hermana Matilde, para que os hagáis una idea, es del carácter de Nicola, aunque un poco más agradecida.
Tiene una hija preciosa, guapa como ella sola, aunque tímida como pocos. Matilde está empeñada en que se presente a todos los casting para hacer anuncios de champú, porque está convencida la niña tiene futuro como modelo. Tiene algo de razón, por lo menos la niña ha llegado a ser Miss Pelo Bonito de Pantene y la verdad es que es una ricura.
Cuando llegaron estaban todos fuera. A Luiggi le entró un antojo, algo sospechoso, por cierto, de comprar calcetines y se fue a la ciudad. Nicola aprovechó la ocasión para llenar el coche de amigas e irse al centro comercial. El único que permaneció, Oliverio, que se cambió de ropa y se echó colonia. ¡Oh, milagro! Entraron, saludé efusivamente a mi hermana y Oliverio se quedó, rojo y adolescente perdido mirando boquiabierto a Fátima. Yo que le miraba por el rabillo del ojo me dí cuenta de como despertaba del shock y se acercó a Fátima lentamente, con cara de dandí romántico para decirle:
—Hola, nena
¡Ay, Dios mio! Tanto botellón, tanto chuleo para luego cagarla así.La pobre de Fátima, tan tímida, no se recuperó de ese golpe.
Pasaban las horas y Oliver se envalentonaba. Le invitó a “pasar la noche de su vida” y a “dejar que el mundo gire a nuestro alrededor”. ¿Cómo un niño tan vago, y con esas pintas, puede ser tan ridículamente cursi? ¡No me explico quién le habrá educado!
La cena pasó sin más novedad que las mamarrachadas que Oliver lanzaba una tras otra hasta que fue a ducharse antes de la juerga. Así que se largó al baño. Fámita estaba agotada. Fue al baño para ducharse antes de acostarse (costumbre de pijos, sin duda) cuando recordó que Oliverio estaba por allí desde hacía rato. Así que se retiró.

Pasó un buen rato hasta que decidió volver al cuarto de baño. Entró y comenzó a enjabonarse. Entre silbidos y tarareo de alguna melodía, escuchó toser a alguien dentro del cuarto de baño. Dio un grito. Sacó cuidadosamente la cabeza por la cortinilla, y nada. Pero antes de seguir con su ducha volvió a asomar la cabeza y justo entonces apareció de la cesta de la ropa sucia Oliverio.
Fátima gritó como una energúmena y del susto se cayó de espaldas con tan mala suerte que se golpeo un el ojo con el grifo de la ducha. Oliver, tan valiente él, salió corriendo viendo la que había armado.
Subimos, escuchando los gritos, para ver que pasaba. Menudo espectáculo vimos Matilde y yo. Todo el cuarto de baño lleno de ropa sucia desperdigada. Y en la ducha, tras las cortinas, a una pobre niña, con el ojo morado, que ya no servía para modelo.
¡Cómo pille al guarro de mi niño!
Eloisa Sabatini
24 Marzo 2006
No puedo con los ecologistas sandías como Oliverio. Lo de la ecología sandía lo aprendí de Alfonso Ussía, que de además de escribir sobre política, tiene alguna novelilla muy graciosa. En su Manual del ecologista coñazo dice que los Ecologistas sandía son aquellos verdes por fuera y rojos por dentro. Ojo, no son así todos los ecologistas, porque también los hay Kiwi, que son los de verdad.
Al caso. El Oliver se encontró un gato en la puerta de la bajera de un amigo y se lo subió a casa. A mí los animales no me entusiasman, la verdad, pero como con esa carita de frío y tan mojadito él, lo admití en casa.
Cuando esa noche llegó Luiggi, el gato estaba ya seco, parecía el Rey León. ¡Qué pelos! Estaba en el sofá, acurrucado, y se le confundía con los cojines de pelusa tan monos que tengo. Luiggi iba hacia el sofá con la intención de sentarse, con la mala suerte de que lo hizo encima del cojín nuevo, o sea, del gato. De este punto en adelante todo se convirtió en un cúmulo de sucesos tan veloces que resulta difíciles de enumerar.
El gato dio un respingo y se le clavó al culo, Luiggi gritando como un poseso, saltó hacia delante cayéndose de frente sobre la mesita de madera, destrozándola. Por la inercia de la caída el gato se le soltó del culo, desgarrándoselo, y salió disparado y atravesó el televisor, justo cuando el árbitro pitaba el inicio del partido.
A pesar de este destrozo el animal se ha hecho un hueco en la familia: Luiggi lo adora. ¿Quién lo diría? El presupuesto en comidas para el animalillo es igual a lo que gastamos los cuatro de la familia. Está todo el día tumbado en el sofá, sin ganarse el pan. Me tiene los bajos de los sillones destrozados, y hace sus necesidades en cualquier parte. ¡Y yo detrás como una criada! Y el Oliver, que lo trajo, no mueve ni un dedo. De hecho hace los mismo que el gato: tumbarse, ensuciar y escuchar música. ¡Menudo figura! Es un ecologista sandía, un hippie destronado. Mucho ideal... y luego, todo el día con la bartola al aire. Está claro que el anuncio del coche ese, el Renault, en el que se canta Maldía burgusía, maldita sociedad. Odio el dinero..., tiene más razón que un santo.
Que me escuche todo el mundo: A predicar con el ejemplo. Y menos sandías, ¡por Dios!
Eloisa Sabatini
9 Marzo 2006
¡Lo que me faltaba! ¡La máxima expresión del machismo! Os cuento porque estoy indignada.
Mi querido esposo lleva algo más de una semana diciendome que quería irse a una casa rural. Plan solo P, le llama. Y no me preguntes porqué, porque no tengo ni idea. La cuestión es que pretenden pasarse el fin de semana jugando a la PlayStation, viero el canal de deportes 24h y bebiendo cerveza. ¡Qué plan tan divertido! Nunca comprenderé a los hombres.
Yo quería irme con él y con las mujeres de sus amigos, que son unas arpías bastante divertidas, para bailar con el Batuka y enterarme de las últimas novedades del barrio. Así que se lo dije a Luiggi con toda claridad.
—Amor mío, quiero irme con vosotros y hacer también un plan con mis amigas.
Claro, yo esperé al mejor momento que encontré. Estaba viendo al Barça y justo cuando solté la frase, el árbitro pitó un penalti a favor de los ingleses esos. Y claro, no se enteró. Empezó a filosofar sobre cómo la FIFA elige a los árbitros y sobre lo patéticos que son y... Qué se yo.
Hoy, durante la comida he vuelto a intentarlo:
—Amor mío, quiero irme con vosotros y hacer también un plan con mis amigas.
—Tú, tú... —y soltando una risita odiosa, continuó— Tú si quieres venir, tendrás que hacerlo para lavarnos los platos.
...
...
...
...
Le pegué un bofetón que tuvo que meterse en cama, y allí está tumbado con la cara inchada y sin poderse ir con sus amigos. Y eso sí, mientras siga sentando cátredra no conseguirá muchos planes más.
Eloisa Sabatini
2 Marzo 2006
Ya vés la pandilla que tengo montada en casa. El hogar. Menuda mentira eso que venden las revistas de decoración. ¡Hogar! ¿Cómo podemos llamar a esto hogar?
Mi querido y estupendo marido está todo el día de viaje. Cualquier escusa es buena para irse de congreso con la editorial y yo ya no sé que pensar. No es que sea celosa pero alguna que otra vez ha venido con alguna copa de más y la chaqueta le huele de vez en cuando a perfume de mujer. ¡Pobre! Con lo que me quiere... En el fondo es un sentimental. Pero claro, mi amiga Patricia habla todos los días de infidelidades y claro, una es vulnerable...
La Nicola es una pija redomada. ¡Qué petardo de mujer! Todo el día con eses pa'riba y eses pa'bajo. Que si los luisbuton, que si se va de copeo en la keli de la Agatha, que si quiere ir de viaje de fin de curso a las playas de Mallorca... Insufrible.
Y Oliverio. ¡Ay, Dios mio, Oliverio! Música y más música. Esos gritos, esas pintas. Entiendo que si una no es rebelde a los 15 años es preocupante, pero una cosa es ser rebelde y otra que tener que aguantar a esas muchachas exhuberantes en la pared, esos DVDs con conciertos de mamarrachos que cortan a una vaca por la mitad. Son tantas cosas: la play, los kolegas, las pivas... Una vergüenza. Y encima no me estudia.
Con este paronara, por favor, no me habléis de hogar...
Eloisa Sabatini
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