Mi familia se parece a esto cada vez más
Estoy realmente preocupada. Más aun cuando encuentro este video en Internet.
¿Cómo puedo remediarlo? Se aceptan consejos y sugerencias.
Eloisa Sabatini
Una familia un poco peculiar que trata de resolver sus diferencias en este campo de batalla.
8 Mayo 2006
Estoy realmente preocupada. Más aun cuando encuentro este video en Internet.
¿Cómo puedo remediarlo? Se aceptan consejos y sugerencias.
Eloisa Sabatini
23 Abril 2006
Esto es lo último, que mi mujer me obligue a estar encerrado en mi casa durante toda la Semana Santa por querer callar a las arpías de sus amigas que le dicen que está vieja y que es tan agarrada que no sale de vacaciones para no gastar. Es cierto que no nos sobra el dinero, ya que el único que trabaja en esta casa es el menda y el resto no hacen más que gastar en tonterías, en modelitos, en alcohol, en tabaco... UN AUTENTICO DESPROPÓSITO DE ECONOMÍA FAMILIAR.

Eso sí, como se cumpla lo que pronostica mi querida esposa (que me toque la lotería), se van a enterar, pero no por lo que yo les diga, sino por lo que no les voy a decir o hacer. Me iré antes de que nadie lo advierta y no me volverán a ver la jeta. A ver cómo se compra Nicola esos modelitos tan caros y tan faltos de tela, a ver quien le costea a ese vividor y gorrón sus botellones y sus cartones de tabaco... yo no!
Luiggi
10 Abril 2006
10 Abril 2006
Cuando anuncié que venían el fin de semana mi hermana Matilde y su familia ya presentía la catástrofe. No porque Luiggi pusiera mala cara (hasta que desprecien a su familia se acostumbra una) sino por la alegría de Oliver.
Matilde se casó con un hombre de montaña muy majete, Gerardo. Mi hermana Matilde, para que os hagáis una idea, es del carácter de Nicola, aunque un poco más agradecida.
Tiene una hija preciosa, guapa como ella sola, aunque tímida como pocos. Matilde está empeñada en que se presente a todos los casting para hacer anuncios de champú, porque está convencida la niña tiene futuro como modelo. Tiene algo de razón, por lo menos la niña ha llegado a ser Miss Pelo Bonito de Pantene y la verdad es que es una ricura.
Cuando llegaron estaban todos fuera. A Luiggi le entró un antojo, algo sospechoso, por cierto, de comprar calcetines y se fue a la ciudad. Nicola aprovechó la ocasión para llenar el coche de amigas e irse al centro comercial. El único que permaneció, Oliverio, que se cambió de ropa y se echó colonia. ¡Oh, milagro! Entraron, saludé efusivamente a mi hermana y Oliverio se quedó, rojo y adolescente perdido mirando boquiabierto a Fátima. Yo que le miraba por el rabillo del ojo me dí cuenta de como despertaba del shock y se acercó a Fátima lentamente, con cara de dandí romántico para decirle:
—Hola, nena
¡Ay, Dios mio! Tanto botellón, tanto chuleo para luego cagarla así.La pobre de Fátima, tan tímida, no se recuperó de ese golpe.
Pasaban las horas y Oliver se envalentonaba. Le invitó a “pasar la noche de su vida” y a “dejar que el mundo gire a nuestro alrededor”. ¿Cómo un niño tan vago, y con esas pintas, puede ser tan ridículamente cursi? ¡No me explico quién le habrá educado!
La cena pasó sin más novedad que las mamarrachadas que Oliver lanzaba una tras otra hasta que fue a ducharse antes de la juerga. Así que se largó al baño. Fámita estaba agotada. Fue al baño para ducharse antes de acostarse (costumbre de pijos, sin duda) cuando recordó que Oliverio estaba por allí desde hacía rato. Así que se retiró.

Pasó un buen rato hasta que decidió volver al cuarto de baño. Entró y comenzó a enjabonarse. Entre silbidos y tarareo de alguna melodía, escuchó toser a alguien dentro del cuarto de baño. Dio un grito. Sacó cuidadosamente la cabeza por la cortinilla, y nada. Pero antes de seguir con su ducha volvió a asomar la cabeza y justo entonces apareció de la cesta de la ropa sucia Oliverio.
Fátima gritó como una energúmena y del susto se cayó de espaldas con tan mala suerte que se golpeo un el ojo con el grifo de la ducha. Oliver, tan valiente él, salió corriendo viendo la que había armado.
Subimos, escuchando los gritos, para ver que pasaba. Menudo espectáculo vimos Matilde y yo. Todo el cuarto de baño lleno de ropa sucia desperdigada. Y en la ducha, tras las cortinas, a una pobre niña, con el ojo morado, que ya no servía para modelo.
¡Cómo pille al guarro de mi niño!
Eloisa Sabatini
24 Marzo 2006
No puedo con los ecologistas sandías como Oliverio. Lo de la ecología sandía lo aprendí de Alfonso Ussía, que de además de escribir sobre política, tiene alguna novelilla muy graciosa. En su Manual del ecologista coñazo dice que los Ecologistas sandía son aquellos verdes por fuera y rojos por dentro. Ojo, no son así todos los ecologistas, porque también los hay Kiwi, que son los de verdad.
Al caso. El Oliver se encontró un gato en la puerta de la bajera de un amigo y se lo subió a casa. A mí los animales no me entusiasman, la verdad, pero como con esa carita de frío y tan mojadito él, lo admití en casa.
Cuando esa noche llegó Luiggi, el gato estaba ya seco, parecía el Rey León. ¡Qué pelos! Estaba en el sofá, acurrucado, y se le confundía con los cojines de pelusa tan monos que tengo. Luiggi iba hacia el sofá con la intención de sentarse, con la mala suerte de que lo hizo encima del cojín nuevo, o sea, del gato. De este punto en adelante todo se convirtió en un cúmulo de sucesos tan veloces que resulta difíciles de enumerar.
El gato dio un respingo y se le clavó al culo, Luiggi gritando como un poseso, saltó hacia delante cayéndose de frente sobre la mesita de madera, destrozándola. Por la inercia de la caída el gato se le soltó del culo, desgarrándoselo, y salió disparado y atravesó el televisor, justo cuando el árbitro pitaba el inicio del partido.
A pesar de este destrozo el animal se ha hecho un hueco en la familia: Luiggi lo adora. ¿Quién lo diría? El presupuesto en comidas para el animalillo es igual a lo que gastamos los cuatro de la familia. Está todo el día tumbado en el sofá, sin ganarse el pan. Me tiene los bajos de los sillones destrozados, y hace sus necesidades en cualquier parte. ¡Y yo detrás como una criada! Y el Oliver, que lo trajo, no mueve ni un dedo. De hecho hace los mismo que el gato: tumbarse, ensuciar y escuchar música. ¡Menudo figura! Es un ecologista sandía, un hippie destronado. Mucho ideal... y luego, todo el día con la bartola al aire. Está claro que el anuncio del coche ese, el Renault, en el que se canta Maldía burgusía, maldita sociedad. Odio el dinero..., tiene más razón que un santo.
Que me escuche todo el mundo: A predicar con el ejemplo. Y menos sandías, ¡por Dios!
Eloisa Sabatini
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