El ecologista sandía y el gato
No puedo con los ecologistas sandías como Oliverio. Lo de la ecología sandía lo aprendí de Alfonso Ussía, que de además de escribir sobre política, tiene alguna novelilla muy graciosa. En su Manual del ecologista coñazo dice que los Ecologistas sandía son aquellos verdes por fuera y rojos por dentro. Ojo, no son así todos los ecologistas, porque también los hay Kiwi, que son los de verdad.
Al caso. El Oliver se encontró un gato en la puerta de la bajera de un amigo y se lo subió a casa. A mí los animales no me entusiasman, la verdad, pero como con esa carita de frío y tan mojadito él, lo admití en casa.
Cuando esa noche llegó Luiggi, el gato estaba ya seco, parecía el Rey León. ¡Qué pelos! Estaba en el sofá, acurrucado, y se le confundía con los cojines de pelusa tan monos que tengo. Luiggi iba hacia el sofá con la intención de sentarse, con la mala suerte de que lo hizo encima del cojín nuevo, o sea, del gato. De este punto en adelante todo se convirtió en un cúmulo de sucesos tan veloces que resulta difíciles de enumerar.
El gato dio un respingo y se le clavó al culo, Luiggi gritando como un poseso, saltó hacia delante cayéndose de frente sobre la mesita de madera, destrozándola. Por la inercia de la caída el gato se le soltó del culo, desgarrándoselo, y salió disparado y atravesó el televisor, justo cuando el árbitro pitaba el inicio del partido.
A pesar de este destrozo el animal se ha hecho un hueco en la familia: Luiggi lo adora. ¿Quién lo diría? El presupuesto en comidas para el animalillo es igual a lo que gastamos los cuatro de la familia. Está todo el día tumbado en el sofá, sin ganarse el pan. Me tiene los bajos de los sillones destrozados, y hace sus necesidades en cualquier parte. ¡Y yo detrás como una criada! Y el Oliver, que lo trajo, no mueve ni un dedo. De hecho hace los mismo que el gato: tumbarse, ensuciar y escuchar música. ¡Menudo figura! Es un ecologista sandía, un hippie destronado. Mucho ideal... y luego, todo el día con la bartola al aire. Está claro que el anuncio del coche ese, el Renault, en el que se canta Maldía burgusía, maldita sociedad. Odio el dinero..., tiene más razón que un santo.
Que me escuche todo el mundo: A predicar con el ejemplo. Y menos sandías, ¡por Dios!
Eloisa Sabatini
