El guarro de mi niño y la modelo que ya no lo puede ser
Cuando anuncié que venían el fin de semana mi hermana Matilde y su familia ya presentía la catástrofe. No porque Luiggi pusiera mala cara (hasta que desprecien a su familia se acostumbra una) sino por la alegría de Oliver.
Matilde se casó con un hombre de montaña muy majete, Gerardo. Mi hermana Matilde, para que os hagáis una idea, es del carácter de Nicola, aunque un poco más agradecida.
Tiene una hija preciosa, guapa como ella sola, aunque tímida como pocos. Matilde está empeñada en que se presente a todos los casting para hacer anuncios de champú, porque está convencida la niña tiene futuro como modelo. Tiene algo de razón, por lo menos la niña ha llegado a ser Miss Pelo Bonito de Pantene y la verdad es que es una ricura.
Cuando llegaron estaban todos fuera. A Luiggi le entró un antojo, algo sospechoso, por cierto, de comprar calcetines y se fue a la ciudad. Nicola aprovechó la ocasión para llenar el coche de amigas e irse al centro comercial. El único que permaneció, Oliverio, que se cambió de ropa y se echó colonia. ¡Oh, milagro! Entraron, saludé efusivamente a mi hermana y Oliverio se quedó, rojo y adolescente perdido mirando boquiabierto a Fátima. Yo que le miraba por el rabillo del ojo me dí cuenta de como despertaba del shock y se acercó a Fátima lentamente, con cara de dandí romántico para decirle:
—Hola, nena
¡Ay, Dios mio! Tanto botellón, tanto chuleo para luego cagarla así.La pobre de Fátima, tan tímida, no se recuperó de ese golpe.
Pasaban las horas y Oliver se envalentonaba. Le invitó a “pasar la noche de su vida” y a “dejar que el mundo gire a nuestro alrededor”. ¿Cómo un niño tan vago, y con esas pintas, puede ser tan ridículamente cursi? ¡No me explico quién le habrá educado!
La cena pasó sin más novedad que las mamarrachadas que Oliver lanzaba una tras otra hasta que fue a ducharse antes de la juerga. Así que se largó al baño. Fámita estaba agotada. Fue al baño para ducharse antes de acostarse (costumbre de pijos, sin duda) cuando recordó que Oliverio estaba por allí desde hacía rato. Así que se retiró.

Pasó un buen rato hasta que decidió volver al cuarto de baño. Entró y comenzó a enjabonarse. Entre silbidos y tarareo de alguna melodía, escuchó toser a alguien dentro del cuarto de baño. Dio un grito. Sacó cuidadosamente la cabeza por la cortinilla, y nada. Pero antes de seguir con su ducha volvió a asomar la cabeza y justo entonces apareció de la cesta de la ropa sucia Oliverio.
Fátima gritó como una energúmena y del susto se cayó de espaldas con tan mala suerte que se golpeo un el ojo con el grifo de la ducha. Oliver, tan valiente él, salió corriendo viendo la que había armado.
Subimos, escuchando los gritos, para ver que pasaba. Menudo espectáculo vimos Matilde y yo. Todo el cuarto de baño lleno de ropa sucia desperdigada. Y en la ducha, tras las cortinas, a una pobre niña, con el ojo morado, que ya no servía para modelo.
¡Cómo pille al guarro de mi niño!
Eloisa Sabatini
